lunes, 5 de marzo de 2007

Noche en la Quinta de Melque

Por si alguien aún no lo sabe, el pasado sábado 3 de marzo hubo un eclipse lunar en el que la luna se pintó de rojo. Marta, Luis y yo tuvimos la suerte de observarlo en unas condiciones que muy pocas personas podrán compartir; en pleno campo, lejos de la contaminación lumínica de la ciudad y en compañía de nuestras pesadillas. Y es que, dentro de nuestro frikismo, estábamos dispuestos a pasar una auténtica noche de miedo acompañados por asesinos y fantasmas en la Quinta de Melque, en San Martín de Montalbán, Toledo. Sebastián tuvo la gentileza de mostrarnos el eclipse y advertirnos de que disfrutáramos de ese momento, ya que cuando volviéramos a salir al exterior no sería para contemplar el paisaje. Pero no sólo en el exterior nos aguardaban las sorpresas. Desde el momento en el que entramos en la Quinta guiados por Amador, a eso de las 21.30, hasta que salimos al día siguiente sobre las 12.30, nos acompañaron inquietantes sonidos, sustos inesperados, esperas angustiosas y encuentros terroríficos. Todo en la más absoluta de las oscuridades. La sensación de saber que algo va a ocurrir, el estómago encogido cada vez que intuyes que alguien se acerca, el miedo al descubrir que la intuición se transforma en algo real, toda una gama de sensaciones que van desde el nerviosismo miedica hasta la risa más desternillante. Porque si miedo hubo, es justo que añada que también hubo humor, y del bueno, mordaz, irónico y muy sano. La terroríficamente dulce y entrañable Sara, genial en su papel, con su vocabulario y forma de actuar infantil; el desconcertante Amador con sus salidas a medio camino entre lo brode y lo cómico; el sarcástico Sebastián, capaz de sacar punta a cualquier hecho o situación; las niñas fantasmagóricas... Una experiencia que merece la pena ser vivida y que una vez pasada recuerdas con añoranza.

3 comentarios:

Sebastia dijo...

Por fín tenemos noticias de la noche terrorífica. Espero que quedemos algún dia y nos lo cuentes con todo lujo de detalles

María dijo...

Que pena me dió perdermelo...
La próxima vez no os librais de mi...
Besos!!!

Marta dijo...

Realmente fue una experiencia única, incluso terapéutica. Porque no es un miedo angustioso, es un miedo liberador. Yo no había gritado tanto en mi vida, y me lo pasé como una enana. Se lo recomiendo a todo el mundo. Los actores son increíbles, la ambientación genial.
Yo, pienso repetir...